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Centro Cultural "AMANECER BERNALENSE"

AÑORANDO MI TIERRA

 

Jorge Luis Tume Quiroga

 

Que lejos está mi tierra, tierra donde nací.

Donde sólo hay ensueño, tanta felicidad.

 

Suenan estas sublimes notas musicales mientras escribo y siento a Bernal aquí cerca. Mientras sigo deleitándome me imagino a mi viejo Bernal, a mi Bernal que me narraron los viejos, enciclopedias de un glorioso pasado.

Me imagino a un mayordomo, encargado de la fiesta de algún Santo, saliendo a buscar  a los mayorales, quienes se iban a encargar de buscar y vestir a un danzante de los Garibaldis. Imagino a un poblador bernaleño aceptando a través de una copa de anisado que llevaba, en su alforja, la mujer del mayordomo. Imagino a la Danza representativa de nuestra tierra con el capataz, el ángel, el luzbel o cojuelo, el gigante, la tamalera, el Granchimbo, los diablos, el negro paiteño, el tigre, el oso, el mono, el murciélago, el caimán, la garza, el perro. Yo nunca he visto a los cuatro últimos. Esto me lo contó don Celedonio Loro, viejo amable, que sigue dándole vida a esta estampa costumbrista.

Me imagino a nuestro patrón San Francisco y el Señor de la Agonía, muy bien venerados, con fiestas que duraban una semana. Tan venerados que al Santo lo pedían hasta con cinco años adelantados. Como hubiese querido estar en esas fiestas donde se comía la boda con lisa, camote soroco, camote asado, zapallo, choclo, caldo de carnero, res y gallina. Hubiera querido fotografiar esa mesa de cinco metros que ponía el mayordomo en su casa y que contenía soperas y fuentes llenas de suculentos platos, que una persona servía para la hermandad y personajes notables invitados. Es impresionante todo lo que me cuenta don Alejandro Morales Calderón. Imagino a los bernaleños de ayer, felices, tomándose un pachucho, como el llamaban a la chicha sustanciosa de puro maíz.

Quisiera vivir los tiempos cuando las autoridades trabajaban Ad honoren, sin recibir un solo centavo por su trabajo, como me lo contó don Julián Tume Rumiche, viejo poblador que también recuerda a su padre, Don Carlos Tume Chunga, como unos de los primeros panaderos junto a don Miguel Bernal, don Tomás Bernal y don Miguel Palacios. Por todo esto repito como la canción:

 

Nunca te olvidaré

porque en ti yo soñé

 

Imagino a los aguerridos habitantes del pueblo de Coronado, capturando a un guardia por abusivo. Saboreo esta historia, conocida como “faltan cinco minutos para que muera el guardia”, que me contó don Goyo Chapa.

Imagino a don Buenaventura Curo Nunura llamando a los mingueros con un cacho de toro para preparar la tierra o para construir una casa, al mismo estilo de los incas, sin cobrar un sol, sólo por la alegría de ayudarse unos a otros. Me imagino mingueros famosos como los señores Guadalupe Tume Nunura, Carmen Periche, Andrés Curo, César Loro y otros. Eran los tiempos en que la tierra concedía plantas de algodón de hasta 200 tuches, sin utilizar fertilizantes, sólo usando guano de corral y plantas secas.

Me transporto a un partido de fútbol viendo jugar a los jóvenes de entonces Natalicio Carhuatocto, Joaquín Chunga, Juan Chunga Tume, Florencio Antón Nunura, Felipe Martínez, Juan Nunura Antón, Benito Antón, por el “Alfonso Ugarte”; al Capitán Juan Antón Nunura, Juan Plomo de Onza de Oro, Baltasar Ayala, Tomás Oqueliz, por el “14 de julio”, a Adán Bernal Gómez, Alipio Vargas Antón, Faustino Loro Ayala, Simón Panta Antón, Agustín Ayala Galán, Teodomiro Tume Chunga, Fortunato Ayala, por el “Atlético Alianza”. Los imagino en el viejo campo deportivo del “14 de julio”, donde una vez jugaron el Grau de Piura, el Torino de Talara, el Strong de Sechura y el Cultural de La Unión, durante una Feria de San Francisco, cuando fue mayordomo don Alejandro Morales. Veo a don Lizardo Agurto arbitrando. Me imagino a estos deportistas jugando partidos sin tiempo reglamentario y que a veces duraban más de dos horas.

Tengo prendida en mis pupilas la imagen de mi Bernal actual, con su Maruja Pingo preparando los picarones un domingo; con don Eloy Purizaca, don Buenaventura Chunga, don Alejandro Morales, don Lucio Martínez, don Henry García y otros bernaleños del barrio norte, en sus tertulias del Parque Ramón Castilla; con los agricultores regresando de sus chacras en carreta; con Roso tomándose un poto de chicha; con doña Priscila y doña Sara Chunga vendiendo sus tamales; con don José Amaya, sentado en la puerta de su casa con su noventa años a cuestas; con Negro Amalio vendiendo sus periódicos; con mi padrino Manolo Mendoza viendo pasar a la gente.

 

Mientras ustedes leen estas líneas yo canto:

 

Tanto me haces pensar, lejos no puedo estar

Pienso sólo en volver y nunca jamás dejar

la bella tierra en que nací, que es mi felicidad

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