Opinión
PESE A LA CRISIS, BERNAL VIVE DEL AGRO
José Manuel Martínez Antón.
Los gobiernos de turno siempre situaron al agro nacional en el último eslabón de la cadena. Pensábamos que la reforma agraria del General de División (E.P.) Juan Velasco Alvarado alumbraría para siempre la reivindicación de los hombres que labran la tierra. No fue así, pues los gamonales - desplazados de la tenencia de la tierra - se ubicaron en otro estrato y continuaron sojuzgando al campesinado. Jamás perdieron sus privilegios que hasta esa fecha ostentaran (banca, comercio, transporte, etc.)
En este marco, Piura era productor del denominado “oro blanco” en la parte norte del país y convirtió a Dionisio Romero en el conductor del monopolio algodonero hasta la fecha. Las ganancias exorbitantes lo coronaron como el potentado de la Banca Privada (Banco de Crédito). Mientras tanto las utilidades de los hombres del campo fueron más pobreza y desatención de los gobernantes, quienes giraron su política agraria a favor de los grupos de poder económico y político del país.
Piura, tiene su inmenso Valle del Bajo Piura. Aquí se asientan varios distritos, que van hasta Sechura. Dentro de ellos está Bernal, tierra de agricultores que pese a la dureza del campo han sabido subsistir surcando la tierra.
Un buen número de agricultores bernaleños han logrado educar a sus hijos - a base de lo que nos brinda la “mamapacha” - quienes triunfan en los diversos ámbitos donde laboran; pero también varios jóvenes destacados en sus estudios primarios postergaron su provenir por las limitaciones económicas de sus padres y no dejaron de convertirse - gracias a sus habilidades - en buenos agricultores. Ante ello, la economía del distrito de Bernal siempre giró en base a la producción agrícola de algodón, arroz, maíz, pan llevar etc. con precios bajísimos, con afectaciones en el campo por las plagas y los fenómenos naturales (como los fenómenos del niño en 1983, 1998, 2002).
Los agricultores bernalenses han demostrado ser audaces en el campo, pero han seguido siendo marginados con los créditos agrícolas. Nunca se les reconoció sus pérdidas por los desastres naturales. Hubiese sido un premio - a su fortaleza en el cultivo de sus tierras - construirle sus canales de regadío con infraestructura moderna, pues desde hace muchísimos años, dentro de la circunscripción territorial del Distrito de Bernal, los canales son a tajo abierto y no se observa algún canal cementado.
La cooperativa de Bernal que hoy debió ser tipo una Caja Municipal, es el reflejo de pésimo manejo administrativo. No nos olvidemos que hasta tuvo maquinaria agrícola. Allí se truncó, quizá, el despegue del agro bernaleño. Ante la falta del Banco Agrario nos encontramos en manos de los usureros que perjudican más nuestra economía, hacen exiguas nuestras ganancias, o simplemente cosechamos para pagar el préstamo con intereses carísimos. El gobierno, o diríamos mejor, los gobiernos locales o no apuntaron al agro en sus gestiones directamente, o no proporcionaron convenios interinstitucionales para ayudar al agricultor durante los últimos 16 años, luego de la extinción del Banco Agrario. La compra de un tractor por el gobierno local actual, o entrega de fertilizantes a cosecha, fueron un paliativo.
Ha empezado un régimen de gobierno con una perspectiva diferente al empleado hace dos décadas atrás, sigue el modelo neoliberal de Fujimori y Toledo. La economía de los agricultores bernaleños seguirá dependiendo de la siembra de diversos cultivos en sus tierras. Queda buscar espacios dentro del campo, con un complemento a la agricultura, como crianza de ganado vacuno, cabrío, porcino, aves; convirtiéndolos en remanente de apoyo a la actividad principal. No olvidemos que tenemos en nuestras narices el Tratado de Libre Comercio (TLC) que apunta a avasallarnos. Busquemos desplazarnos a impulsar la agricultura ecológica con la finalidad de reducir gastos en la utilización de abonos orgánicos; la materia prima está en nuestras parcelas y en abundancia. Por allí contrarrestamos lo oneroso que resulta instalar los cultivos tradicionales y uso abusivo de amoniacos.
En esta tarea debemos organizarnos a través del gobierno local, que constituirá un aval, para empezar un modelo de empresa de ayuda autogestionaria. La crisis en el agro no debe de torcer nuestra voluntad y esfuerzo desplegado en la tierra. El viejo pueblo de Bernal debe mantener intactas sus esperanzas en el agro, pero exigiendo sus derechos.
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