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Centro Cultural "AMANECER BERNALENSE"

Anécdotas Bernalenses

“Disimulen que ahí va ese cojudo”

 

 

Era el tiempo de la compra de algodón y a Bernal llegaba don Vicente Lachira, conocido como “Chira”. Era éste un hombre que tenía “sus reales” pues se dedicaba a la compra de algodón. Resulta que Chira se sentía profundamente enamorado de una agraciada señorita de buena familia. La muchacha accedía a los requerimientos de Chira pero los padres de ésta “no podían verlo ni en pintura”. En la casa de la muchacha vendían cerveza, pero ni así dejaban entrar a Chira.

Cierta vez estaba Chira cerca al “Parque de Huamán”, que era por donde vivía la agraciada jovencita, esperando la forma de entrar a la casa. En esos momentos pasa Julio Pingo con sus amigos, Saúl y “Comidas”. Iban “medio mariaos” porque ya no tenían medios para seguir bebiendo. Julio Pingo era un hombre de mucha inteligencia. Saludó a Chira y le dijo: “te vas a ver a la china esa”. Chira contestó: “quiero ir pero la vieja no me deja entrar”. – “No te preocupes hombre, nosotros te acompañamos” – dijo Julio. Chira, un poco desconfiado, dijo: “no me deja la vieja... si vieras lo que me dice cuando me ve cerca de su puerta”.

Julio no se dio por vencido y replicó: “mira cholo... si quieres danos para unas dos cajas de cerveza y nosotros entramos... cuando hemos pedido tú pasas por la calle y nosotros te llamamos”. – “Listo, tomen para dos cajas y cuando yo paso me llaman y si la vieja no quiere ustedes reclaman” – dijo emocionado Chira.

Julio y sus amigos se fueron, entraron a la cantina, Julio se sentó dando la espalda a la calle, pidieron cerveza y empezaron a tomar animadamente. A los cinco minutos pasa Chira. No lo llamaron. Julio les decía a sus amigos: “háganse los disimulaos”. Volvió a pasar Chira. Nada. Pasaba otra vez Chira, silbaba como un pájaro. Nada. Mientras tanto Julio le decía a sus amigazos “disimulen que ahí va otra vez ese cojudo”. Ellos ni miraban a la calle y se la pasaban: “salú... salú... salú”.

Después de tanto pasar, Chira se dio cuenta de la jugada diciendo resignado: “esto me pasa por creer en Julio Pingo sabiendo que es un desgraciao”.

 

 

“Ahí está mi Manuel que es matarife”

 

 

Bernal estaba convulsionado. Resulta que con la llegada de una compañía constructora una jovencita fue “secuestrada” por un trabajador. Salió la noticia en el periódico que este mozalbete (como dijo Román Brunerio) solicitaba siete mil soles por el rescate.

Esta noticia causó ira en el pueblo y muestras de solidaridad a la familia de la muchacha. Cuando todo se aclaró, para bien de la familia, se hizo un comentario en la Emisora “La Voz del Pueblo”, en el sentido que las chicas tengan cuidado, que no se dejen engañar por gente foránea, que se fijen bien en sus futuros maridos. Se planteó que en Bernal había jóvenes y adultos solteros, con capacidad para mantener a una familia. Se dijo que, por ejemplo, estaba disponible don Daniel Bayona Amaya, que tiene sueldo del Ministerio de Educación; también estaba el joven Caracciolo Tume Símbala, que tiene sueldo del Municipio; el joven Aldo Temoche, que tenía su vaquita y que desea ser un próspero ganadero en el futuro. En fin, el comentario quedó allí.

Más tarde se acerca doña Magdalena Morales que en forma inocente dice: “está bien cholo lo que has dicho por la emisora, si acá hay harto muchacho soltero; tá’ por ejemplo mi Manuel (Cachemo) que es matarife, sí gana pa’ mantener; tá’ ese muchacho Orestes Loro que es albañil; tá’ ese Camilo Nunura que entrega esos papeles que los manda el Juez y gana aunque sea algo; tá’ ese cholo de Piloto, él tiene su horno de ladrillo, tá’ ese cholo de Avelino, Arvin creo que se llama, también es albañil; tá’ ese Angel Chero que en el boletín de los muchachos danzantes dice que tiene hartas profesiones... hombre si tá’ hasta ese Teko que ya lo dejó su mujer, él por ejemplo tiene un buen sueldo. Sino que estas chinas bandidas quieren gente que nos sea de acá pa’ que, velay, las dejen así nomás como si fueran unas cochas, que sólo los caza el coche cuando es alquilao”.

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