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Centro Cultural "AMANECER BERNALENSE"

TODAVÍA ESTÁS... TÍO JULIO PINGO

 

Jorge L. Tume Quiroga

 

Tío Julio, siempre que hemos tenido la oportunidad de hacer un boletín en homenaje a tu pueblo, nuestro pueblo, nos hemos cruzado con una de tus anécdotas. En las calles bernalenses aún escucho un “como dijo Julio Pingo” o simplemente “Julio Pingo era un bandido” y empiezan a contar tus innumerables e inteligentes ocurrencias. Eso significa, tío, que todavía estás entre nosotros y tu nombre vivirá en el alma de este pueblo que encuentra en tus ocurrencias una forma de sonreír y mantenerse alegre, a pesar de tanto problema económico.

Aún recuerdo tío, cuando niño, de cinco o seis años, te iba a visitar a tu taller que estaba en la esquina donde hoy vive tu nieta Elena. Cómo olvidar ese corazón alegre y bueno, ese corazón que me invitaba una rica raspadilla donde “la negra Cari” como tú la llamabas a esta noble mujer que vendía en la vereda de tu taller. Algunas conversaciones yo las compartía contigo... me dejabas recoger de tu taller las “púas” para mi trompo. Pero algunas cosas me han contado después, cosas que siendo niño no habría entendido. Me cuentan que, por ejemplo, cuando alguno de tus amigos llegaba a tu taller por un trabajo pequeño, al quererte pagar, tu le decías con esa chispa desbordante: “qué te voy a cobrar hombre... sólo ponte un par de cervezas”. Y esa amistad se inundaba y consolidaba con unas cervezas bien heladas. También me cuentan que toda la gente que llegaba a tu taller lo hacía llevando su carreta, su arado, su lampa, su rufa... para que tú se los arregles y sólo don Avelino “el Ñus” llegaba que le sueldes su cama. “Entra flojo”, le decías.

Como no resaltar tu amor por el Alianza de nuestro barrio, si hasta has sido su arquero. Me cuentan que en un tiro de esquina ya sabías que iba a saltar el jugador contrario, por eso saltabas con un “puñao” de arena y le dejabas caer en sus ojos. Has sido muy palomilla tío. Pero tenías tu corazón aliancista porque cuando ya dejaste de tapar pasaste a ser jefe de barra del equipo y la gente más gozaba con tus ocurrencias de barrista que con el propio partido. También te recuerdo, en aquellos bailes aliancistas que los hacían los 28 de julio a partir de las 4 de la tarde, bailando el vals de aniversario por tu cumpleaños. Es que tu cumpleaños era el 28 de julio y por eso el aniversario del Alianza se celebra esa fecha, siendo su fecha oficial el 29 de junio. ¡Cómo te querían tío! Yo no te vi, pero me dicen que bailabas llorando y la que siempre te acompañaba en ese vals de aniversario era doña Elena Ruiz. ¿Por qué llorabas... era que acaso ya pensabas en la muerte y no te querías ir? Ah... pero también me han dicho que un 28 de julio no quisieron dar vivas a un político de tu preferencia en el alianza y fuiste a apagar tu motor que daba la “luz” al baile. Tuvieron que irte a rogar para que lo prendas nuevamente. Claro que aceptaste pero te terminaron fiando una caja de cerveza.

Es en esas circunstancias tío, siendo yo niño, que recuerdo con mucha tristeza el día en que nos avisaron “Julio Pingo ha muerto”. Hasta ahora recuerdo, al borde de las lágrimas, a mi abuelo Jesús Pingo, esperando, triste y encogido, la llegada de tu cadáver. Pobre abuelo... enterrar a sus hijos ya mayores. Una sombra caía sobre este pueblo que te lloraba. ¿Recuerdas que fue en plenas lluvias del 83? Claro te fuiste con la lluvia, llorando seguro, por dejar a este pueblo que tanto te gustaba.

Hoy estás allá arriba y ya me imagino las “diabladas” que harás junto tus amigazos: mi abuelo Teodomiro, don Claudio Loro,  “Capitán Chichas” como le decías a don Agustín Ayala Galán. Seguramente estarás ansioso porque llegue don “Jeruco” para que se complete la jarana. Pero no tío... Jeruco tiene para rato en esta tierra, aunque ahora nadie lo busca de padrino como en tus tiempos.

Bueno tío, tengo que dejar estas líneas, pero te prometo que siempre sacaré una anécdota tuya en el boletín. Saluda a mis abuelos Teodomiro y Felicia, también a mis abuelos Ramón y Cleotilde, saluda al abuelo Jesús, dile que me perdone por no haber ido a su sepelio. Saluda a la gente que hace poco se fue a encontrarse con ustedes. Dile a don Santiago Castro, al que ya no voy a encontrar en mi pueblo, que lo voy a extrañar porque cuando me venía a Trujillo – con  honda tristeza por dejar a mi pueblo, mi familia y mis amigos – y me iba a esperar carro a la esquina de su casa, siempre se me acercaba para decirme “que te vaya bien Koky, anda, prepárate, estudia, porque acá estamos jodidos”.

Hasta siempre tío... cuidadito con esconderle sus lentes a  San Pedro.

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