EVOCACIONES DE UN PASADO
Prof. Gustavo G. Guevara Gálvez
Cuánta nostalgia engendra el propósito de sumergirse en las profundidades de una evocación de los tiempos idos, de ese pretérito que ha dejado huellas profundas trazadas con indelebles rasgos, que es preciso preservar para impregnarlas en las conciencias de nuestras generaciones jóvenes, como un deber ineludible de mantener vigente nuestra identidad cultural de ancestro sechurano, de pueblo originado por el prodigio de esta tierra que, desde tiempos inmemoriales pertenece a la histórica y gloriosa Comunidad Campesina “San Martín” y en donde el primigenio poblador aprendió a descubrir los secretos de su fecundidad a fuerza de sudor y fatiga. Que lejanos quedaron los tiempos en que don Tomás Bernal y su familia, presumiblemente los primeros pobladores de este noble y generoso pueblo que hoy luce orgulloso el título de “Capital Regional del Carnaval de la Región Piura”; se establecieron aquí para hacer realidad la tierra prometida, sin imaginarse que sería el punto de partida de este distrito que ha evolucionado notablemente en estos últimos años, despertando ahora legítima admiración de propios y extraños. Progresivamente han ido quedando en el pasado las imágenes de un Bernal de aspecto enteramente rural, de modestas moradas de rústica “quincha de barro” y también de adobe de arcilla, aunque el fenómeno “El Niño” de 1983 significó casi una sentencia extinguidora para este tradicional material de construcción con el que siempre se levantaron las acogedoras y frescas viviendas de nuestro pueblo, dándose paso a la modernidad que significan las edificaciones con ladrillo cocido al horno, elaborado artesanalmente. Esta apretada síntesis retrospectiva nos permite evocar, con gran nostalgia, aquellos tiempos de una convivencia pacífica, caracterizada por esa seguridad ciudadana que no necesita de efectivos policiales, ni ronderos, ni vecinos vigilantes para garantizar la propiedad ajena, porque el poblador bernaleño descansaba plácidamente en el frontis de su casa, especialmente en verano, y dormía sobre su rústico “petate”, arrullando por la fresca brisa de la noche, sin preocuparse de que “su puerta durmiera abierta de par en par”, sin riesgo de robos sorpresivos; salvo la circunstancia desagradable de que le robaran a su “china”. Hoy, lamentablemente, los “amigos de lo ajeno” (propios y extraños) nos hacen vivir a sobresaltos.
Cómo no recordar las polvorientas calles de este pueblo, en donde, a partir de los juegos de chiquillos, se escribieron imborrables páginas de una perdurable amistad, salpicadas todas ellas de sudor, picardía, griteríos y ocurrencias sin fin. Es imposible dejar de evocar las enigmáticas noches alumbradas con lámparas a kerosene o aquellos tiempos en que calculábamos la hora de retornar presurosos a casa, porque “la luz la pagaban temprano”.
Cómo olvidar los tiempos en que había que madrugar para poder alcanzar algún cupo en las escasas unidades móviles existentes entonces y viajar, especialmente a Piura, en medio de la polvareda que significan las vías carrozables. Nuestros adultos mayores recordarán, por ejemplo, que “El Alto de la Paloma” era el límite entre los barrios “Huamán” y “Bernal”, y que era preciso respetarlo sin caer en la tentación de violarlo. Hoy resultan un agradable recuerdo las famosas “faenas” en las escuelas primarias, convocadas por los entonces Patronatos Escolares, en donde se ponía de manifiesto ese espíritu comunitario heredado de los míticos Incas. Aún perduran en el recuerdo las noches de retreta de los carnavales, que se iniciaban el lunes en la Plazuela “Miguel Grau”, continuaban el martes en la Plazuela “Ramón Castilla” y cerraban con broche de oro el día miércoles en el antiguo Mercado de Abastos. Entonces no necesitaba de orquestas o grupos musicales para darle alegría al tradicional carnaval de Bernal. Cuánto se extrañan las muestras de cortesía de niños y adultos, que sabían saludar respetuosamente, como una muestra de los valores que se cultivaban en el hogar.
En fin, hay tantas manifestaciones importantes que podemos rescatar; sin embargo, el espacio resulta corto e insuficiente para la evocación de aquellos aspectos que nos dieron una identidad, que es preciso rescatar para heredárselos a las próximas generaciones y seguir manteniendo esa posición expectante que ahora tenemos en la joven provincia de Sechura y la región Piura, porque nuestro aspecto urbanístico está modernizándose, los servicios básicos han mejorado notablemente, se viene dando gran impulso al deporte, las instituciones sociales, deportivas y culturales están modernizando su infraestructura y, sobre todo, la ciudadanía tiene ahora la posibilidad de planificar su propio desarrollo, desde las instancias del Gobierno Local.
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